sin ciencia no hay futuro

Retrato idealizado. Colección de Documentos Inéditos 

La Caida de Belalcazar, y Caballo

Publicado: 2020-09-21


No estuve allí. Escuche que desde el tronco del árbol donde se escondió se oía el ladrido furioso de perros entrenados para la guerra. El viejo se sacaba el sudor de la frente. El miedo paraliza, sentencio, guardando el pañuelo sin doblarlo. Yo solo atine a pedirle a Misak (que en Wampi asi se denomina a la madre bosque) que me convirtiera en pájaro o me hiciera raíz, allí mismo, me dijo. Y la bosque me escucho, -susurro- como nos escucha ahora mismo, y yo, ya no fui. Ni olí. No ve vieron. 

Así fui todo y escuché a todos. No sé cuánto tiempo estuve así. Tampoco se cuando regrese. Ni si fui luz, o sombra. Lo que si se, es que no son como los que conocemos. Tomo una pausa. Lo mire. No entendía. Los perros, me dijo. Te huelen el miedo. Y van hacia ti. Y te miran a los ojos, fijamente, y te siguen las pupilas cuando te están destrozando los músculos. Te arranchan la carne como se saca la arena de la orilla del rió, y sientes que, entre mordida y mordida, saborean tu sangre. Beben de tu espíritu, se hacen demonios. Te comen sin hambre. Solo las moscas que se posan en la sangre esparcida en el suelo, te hace volver a la realidad.

Ni las cargas de arcabuz dan tanto miedo. Esas se escuchaban como truenos de todas las direcciones. Cuando se apagaban, caía como suspendidas tu gente, lentamente. Como si las lianas de la vida se las hubieran cortado. Y allí corriendo nomas, salían de sus cuerpos en formas de flores. Y caían como se caen los arboles viejos , o las aves sin vida. Caíamos de diez o a veinte, y nadie sabía porque sucedía eso en las afueras de la gran Ciudad del Dorado.

Cuatrocientos seseintaitres anos después he visto ciudadanos levantarse del vaho nebuloso del recuerdo e irrumpir en la Ciudad de Popoyan, el 16 de setiembre de este año del señor del 2020, para ajustarle las cuentas. En medio del sol, y el bullicio de las cigarras, y los cláxones de la ciudad, mano y soga, derribaron la estatua de bronce de un lindo Caballo y de su jinete Sebastian Moyano y Cabrera (autodenominado  Belalcazar). Uno de los mas sanguinarios que llego a las Americas con Colon y que en Panama se unió a Pizarro. Fue su lugarteniente Gobernador de San Miguel de Piura. El mismísimo que tiro a los perros; y que - mato a fuego y espada 50 mil personas en Popayan, para comérselas y no pasar hambre. 

Dice la historia que cuando conoció a Colon, ya había sido un asesino, y que Cristóbal sabiendo que le seria incondicional lo subió al barco, un día antes que lo llevaran al calabozo.

Popayan queda en el Valle del Cauca de lo que antes fue el Virreinato del Peru. Es difícil no estar de acuerdo con nuestra gente. La que irrumpió con sogas. Aplaudimos cuando cayo Hitler, cuando cayo el muro de Berlin, cuando cayo la estatua de Sadam Husein, etc. Pero ahora en aras de entender la historia deberíamos pensar en un término medio. Es necesario no eliminar a Belalcazar. Por qué tenemos que educar. Si no permanentemente en el futuro de los siglos caerán y seguirán cayendo estos iconos y nadie nunca aprenderá.

Tal vez entonces hay que bajarlo a Sebastián del pedestal. Pero con cuidado. No queremos que se rompa, solo que entienda. Y sacarlo lentamente de ese torreón de donde lo pusieron. Que las cámaras de televisión y los smartphones no se lo pierdan. Es claro que los que lo inmortalizaron en bronce querían que lo adoraran las miradas de los de abajo, hasta el fin de los tiempos. Eso como un primer paso. Que la estatua mire desde el nivel del escultor. Así se le da la oportunidad de tener un poco de perspectiva. Y para qué no siga dando sombra.

Segundo paso: Tal vez habría entonces que desarmar la estatua. Como cuando se desarma un juguete de plástico. Bajarlo del caballo. Enderezarlo. Darle una vueltita, una palmadita. Mostrarlo en su dimensión humana. Como quería Leonardo (de Vinci) recordarnos las proporciones del humano. Para darnos cuenta que siempre el marketing de la conquista nos presenta a estos sujetos encima de un caballo. Mostrando el ‘horse power’ y escondiendo que muchos como Sebastián tenían el problema del poderoso cuando ostenta su medievalidad europea- aproximadamente 1.50-1.55 metros de estatura (la incomodidad de mirar hacia arriba al subordinado). Sebastián nos mira y nos recuerda que incluso Bolívar sufría de lo mismo. No solo Napoleón, también sus admiradores. Punto concedido Sebastian. No fuiste excepción.

Tercer paso: Luego mostrarlo al hombre comiendo un plato de frijoles (si frijoles, por primera vez bien alimentado), un camote al costado, chicha en la mano (para que las futuras generaciones no crezcan creyendo que comía en McDonalds) y sentado, meditando su soledad. Y así dejarlo. En bronce.

Dejo aquí sentado que me opongo a que lo muestren en calzoncillos. No seria correcto. Le dejo esa vergüenza a las fuerzas que invadieron Libia. En Bronce y en su túnica favorita de soldado. Pero con una placa que diga : "Aquí este homosapiens se creyó superior a otros homosapiens, y los conmino a la esclavitud, la pobreza, y la amnesia total. Nunca mas!"

Miro el video y están cayendo de bruces. El hermoso caballo y el horrendo jinete. Como cayeron los arboles viejos y las aves sin vida. Que curiosa coincidencia, sigue haciendo la maldición del Dorado.

https://www.youtube.com/watch?v=xTJcVXS1-O0 Ver menos


Escrito por

Andres O Velarde

Radica en Inglaterra, vive en Canterbury.


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